Cronología de mi vida?.. qué habré querido tratar de decir?

Enero.

05.01.2011: Viajé a Lima después de pasar Navidad y Año nuevo en Refugio Amazonas.
11.01.2011: Retorné a Puerto Maldonado para trabajar en la oficina.
31.01.2011: Habían pasado 18 días de oficinista y de ya no saber qué comer por las pocas alternativas que existen en la ciudad de Puerto Maldonado.

… Varios años después:

16.02.2013: Encontré éste borrador que nunca había terminado de escribir y como ya perdí completamente la idea o el punto de lo mencionado en la cronología, lo doy por culminado… será, no?

PD: Después de dos años y 16 días, sigo sin saber qué comer cuando estoy en Puerto!.

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Lima… gris, pero igual te cautiva. (Días de descanso en la capital).

Cuando llegamos al punto máximo de nuestro esfuerzo por sobre llevar ya los días antes de desfallecer  sí o sí necesitamos un “break”, un “chepi bola”, un alto en aquello que nos tiene sumergidos y que nos quiere llevar al agujero negro llamado “rutina”.

Escribo desde Lima, confesando que vine en busca (al igual que muchas personas) de un poco de aire fresco fuera de mi segundo hogar, llamado también “centro laboral”.
Disfrutando de los días fríos, congelando mi vida por una semana y porque no decirlo… extrañando la selva y sus seres.

Hace 5 meses que no venía a la capital, pero parece que fue ayer. Sigue igual de congestionada, con el cielo gris a pesar de que ya estamos en  primavera y el detalle de estas últimas semanas es que TODO, absolutamente todas las paredes, postes de alumbrado público, donde sea que se mire hay por lo menos un anuncio de algún candidato para las elecciones regionales y distritales que serán el día 03 de octubre en nuestro país.
 La pregunta que me hago es… una vez que ganen los que tengan que ganar y perder los que no regalaron más cosas para poder ganar, cuánto tiempo se demorarán en sacar todos esos panfletos, letreros, carteles, papeles y un sin fin de cosas que usaron para sus campañas políticas?. Sin duda alguna la gran ciudad de Los Reyes acabará mas sucia que de costumbre.

La inigualable ciudad de Lima abriga mucha historia, en casi cada calle o avenida y en líneas generales a pesar del frío que me hace sentir esta ciudad puedo decir que me da gusto estar de regreso en la capital. No se necesita ir muy lejos para acernarnos a nuestra historia como buenos limeños, un paseo por el centro de la ciudad o si no queremos ir muy lejos pues tenemos a un tiro de piedra al distrito de Miraflores y en el encontraremos varios vestigios arqueológicos como la Huaca Pucllana que con mucho esfuerzo se pudo descubrir en ella el pasado de la antigua sociedad de Lima. Un paseo por el litoral o la provincia constitucional del Callao te llevará también a épocas coloniales, en solo unos pasos podemos retroceder en el tiempo y encontrarnos dentro de los muros de la fortaleza del Real Felipe, fortaleza que fue construida para salvaguardar la seguridad de la nueva capital de los piratas que merodeaban nuestra costa por aquellos años.

Si no te gustan los museos con amplias colecciones de lo nuestro o quizás lo colonial y al igual que yo tiras un poco mas para la naturaleza y por ahí que deseas escapar un rato del bullicio del centro que generan las innumerables combis asesinas y buses con sus claxons que me dejaron ya sorda, no hay excusa, Lima tiene todo lo que tu corazón desee, solo falta que la descubras!!.

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Crónica de un vuelo… 17 Agosto del 2007.

…Pongo mi pie en el aeropuerto “internacional” de la ciudad de Puerto Maldonado, el vuelo esta programado para las 12:05, la hora para pasar por la puerta de embarque debe ser 11:30 a.m. Mi reloj marca las 10:40 de la mañana, llegué en mototaxi con mi equipaje y hecha un saco de nervios… de nuevo tendré que tomar avión!… no puede ser bus? -Te toma más tiempo-, me respondía mientras caminaba para hacer mi “check in”, el vuelo escogido es el 074 de Lan Perú con destino a la ciudad de Lima previa parada en la ciudad del Cusco.

Me veo y tengo la mochila amarilla que ha sido fiel compañera de viaje durante mi preparación y carrera de guía, otra mochila con ropa, la mochila pequeña y el maletín con la “laptop” y no contenta con todo el bulto, Melecio, el chofer de Peruvian Safaris me trae una cajita que “no pesa nada” para llevar a la oficina de Lima, -ya parezco un ekeko- pensaba mientras me miraba, la cola avanza, voy arrimando las mochilas hasta que vienen los “jefes” y se las llevan para evitarme la fatiga de andar empujándolas con el pie, sigo avanzando y por fin llego al counter, presento el papel de mi reserva y mi DNI. Espero a lo mucho 4 minutos y me dice “ya esta listo Liz”, señalando con la punta de su lapicero rojo me indica la hora de mi vuelo, la hora de embarque y el número de mi asiento, le respondo con un “gracias, te pasaste!!!” y sellando el agradecimiento quedo con un “cuídate!”.

Me senté un rato cómo quien relaja el ser aunque sea por un par de minutos antes de subir al pájaro metálico, ya estaba con demasiado estrés el día de el vuelo, me encuentraba más sensible, cansada, con algunas cosas que faltan en la mochila -ni cuenta me di hasta que llegué a casa y me dije “chispas!”, aún con nervios, con la laptop que ya me estaba jodiendo el hombro, con el ticket de embarque en el bolsillo esperando a que entre a la sala esa donde dicen “si entras ya no sales”, más me suena a que te metes al infierno o a algún tipo de adicción. 

Todo esta dicho, volteo, pongo mi tkt de embarque sobre el mueble y el muchachón de la entrada nos dice “el 073 aún no tiene hora confirmada, lo hacen 30 minutos antes de llegar y no lo han hecho, quieren entrar de todas maneras? Por que si entran ya no salen!”, media vuelta de nuevo, teléfono público para llamar a mi madre y decirle que llego con cierto retrazo, termino mi llamada y me digo “y ahora?”, la van del Explorer’s seguía ahí tan sucia como casi siempre, me dirijo a ella a gozar un poco de la compañía mientras espero el vuelo, conversé un rato, me quedé muda la mayoría del tiempo, sólo observo lo que sucede a mi alrededor, anuncian la llegada del vuelo de Aercondor, no es el mío… a seguir esperando, sigo en la van reposando en el asiento delantero, pasan algo de 30 minutos y POR FIN se dignan a anunciar la llegada del vuelo 073 de Lan Perú para las 12:25 del día. El vuelo 073  es el que viene de Lima – Cusco, al aterrizar en Puerto Maldonado y salir para Cusco y Lima pasa a ser el 074,  mi vuelo.
Me muevo de la van recién a las 12:09 según mi reloj, de nuevo a la puerta de embarque, entro, revisan la mochila por afuerita, me sonríen, yo correspondo, “deja tus monedas, el cell y todo lo que sea de  metal” me dicen antes de pasar por el marco de seguridad, me quito las monedas, el celular, la correa y me guardo el DNI, me demoré en guardar las monedas porque tenía un montón, mucho más que las que pueda tener un cobrador de bus del centro de Lima, la señorita me apuraba con la mirada, termino de guardar todo en los bolsillos, me falta la correa, me la pongo, cojo la laptop y la mochila y a hacer cola se ha dicho. Para todo en este país se hace cola así que acostumbrada ya estoy, anuncian que en breves momentos se iniciará el abordo del 074 que ya había llegado con 50 minutos de retrazo. Se abren las puertas, nos revisan el boarding y  “Hola, cómo estas?, te vas?” –sí, respondo. “Cuidate, aborda por la puerta delantera, chao” –Gracias, tu también cuidate, nos vemos. Terminé la conversación. Salí hacia la pista de aterrizaje para abordar el avión, un italiano tomando fotos se apoderó de la escalera para abordar, -circula!- susurré. Entré al avión, las piernas no me fallaron, pero el corazón latía rápido, mi nerviosismo crecía, ya llega la hora de poner a andar esta maquinaria, prefiero trasladarme lo más pegada posible a la tierra!- caray! Ya estoy en el avión… que no cunda el pánico!, encuentro mi asiento… al lado de la ventana, Gracias Dios!!! No soportaría pasar más de 20 minutos encerrada y sin ver nada más que la cara de la persona de al lado, los minutos pasan y el piloto dice “tripulación próxima al despegue”, se encienden las luces que indican que nos abrochemos los cinturones, el aire acondicionado comienza a funcionar, las luces se apagan, se escucha un DINNN DONNN, las campanas celestiales? Nooo, es sólo el sonido que indica que ya todo esta listo.

Se encienden los motores, el avión retrocede, avanza, se acomoda para el despegue, ya esta en la pista y parece que el piloto pisa cuarta y acelera, todo se ve que pasa tan rápido, me pego bien al espaldar del asiento, mejor dejo de mirar por la ventana, no es saludable me digo, sigue avanzando el avión y cada vez más rápido, avanza y avanza y deja el suelo, ya estamos en el aire  y yo tal cual gato que no quiere caer a una tina de agua y se agarra de lo que puede, me acordé de toda mi generación mientras duraba el ascenso y en eso por obra y gracia de la aviación, nos estabilizamos… yayyy madre mía, todo lo que hay que hacer!!!. El paisaje medio nublado me permite ver un poquitín de la selva y el río Tambopata, claramente lo diferencio del Madre de Dios por el tamaño. Pasan los minutos y las nubes no me dejan ver nada más que el ala izquierda del avión, prenden la pantalla con un video cómico, me coloco los audífonos del cd player, se escucha a la flighthoster anunciando que el vuelo Puerto Maldonado – Cusco durará 30 minutos. “Buen viaje y gracias por volar con Lan” concluye. Miro a la izquierda tratando de observar algo del paisaje pero es en vano, no se ve nada. Aterrizamos en Cusco a las 13:40, nos toca la parada técnica de 30 minutos, cargar combustible, bajar pasajeros, subir otros, ver el sol por un lapso relativamente pequeño comparado a las 24 horas que tiene un día. Aun cuando estaba en el avión pude sentir el clima típico de Cusco, la nariz se enfría, el frío se siente en los huesos, en fin… lindo clima. El avión dejó Cusco a las 14:10 y de nuevo la sensación aquella del despegue y me comparo una vez más con un gato. El sol brillaba en Cusco pero camino a Lima el cielo estaba tan gris como la panza de un burro, se  ven algunas cadenas montañosas, ya estamos cruzando los andes, el Ausangate onde ta? No lo veo!!!, el nevado cusqueño que tantos programas de trekking tiene “la vuelta al Ausangate” “climbing en el Ausangate”… el Ausangate esta AUSENTE, no se le ve por las grandes nubes que cubre todo.

14:21 pasan las flight hosters con un carrito que tiene casi de todo, a la fila 13  asiento “A” llegó  a las 14:33, “quieres algo de tomar?” me preguntaba mientras me daba mi ración de pastelitos con galletas y un chocolate dentro de una cajita, al no ver cerveza me dije –será Coca Cola no?- “Coca Cola por favor!”, me pregunta si la quiero con hielo o sin hielo, -que manera de engreír me dije yo… sin hielo por favor, me sirvió un poco en un vaso descartable y con una sonrisa muy amable siguió con el resto de pasajeros. Observo de nuevo por la ventana, se puede ver mejor el paisaje comparado con el comienzo del vuelo, pero las nubes juegan sucio…  turbulencia y juazzz!!! me aferro al asiento, pasa una, luego otra y otra, el avión se sacude, yo sudo, me asusto, veo cómo el ala del avión se mueve para arriba y abajo tratando de estabilizarse, que maricona eres Liz!!! buuu no me gusta volar!, un par de samaqueos con tal de no pasar las 22 horas de viaje en bus y esto es sin agregar las 17 de bus entre Cusco y Puerto. A soportar se ha dicho si lo que se quiere es rapidez. Las montañas ya no son montañas si no cerros y eso es un indicativo de que ya estamos cerca de Lima, la capa de fog y smog que cubre la ciudad es tremenda, se escucha de nuevo la voz del piloto que dice “tripulación próxima al aterrizaje”. 

15:05  y se ve el mar del Callao, luego la vista de la pista de aterrizaje y los campos de cultivo que hay detrás del aeropuerto.  “Fasten your seat belts” fue lo que escuché y caray pues nunca me lo quité, más por precaución y hasta me atrevo a decir que por miedo de que salga disparada por ahí. No le tengo tanto terror a algo como se lo tengo a los aviones y el volar. El vuelo llegó a la capital a las 15:16, un vuelo para olvidar no sin antes escribirlo, la pista de aterrizaje estaba con ambulancias para trasladar a los heridos que evacuan de Pisco e Ica por el terremoto del día 15. Nos hacen esperar algo de 20 minutos antes de abrir las puertas del avión, me doy con la sorpresa de que ya están listas las mangas de abordaje, abren la puerta, salimos, ya casi no reconozco el aeropuerto, esta todo cambiado, nuevas salas, más letreros. Camino siguiendo las instrucciones de los carteles, me siento algo perdida, llego a la sala donde tengo que recoger las mochilas, miro a mi alrededor y no hay nadie conocido, hasta que por ahí veo a los “pescaditos”, –para qué les voy a hablar?- me dije, cogí un coche para las mochilas y a esperar a que pasen los equipajes. Salí de la sala y a ver pues –dónde esta mi mamá?- ahí la veo a un lado, me acerco y me da mi apachurraco, tiene la intención de cargar las mochilas pero me niego. Con el genio de las madres es imposible salir ganando, así que ella cargó una de las mochilas.

Salimos del aeropuerto, hace frío tal cual friaje en Puerto, ahora el asunto es tomar un taxi. Si se pregunta dentro del aeropuerto cobran un ojo de la cara, cobran cómo si me fuese de aquí a Tumbes en bus interprovincial, cómo si tuviese la pinta de gringa que se pudre en plata, joder!!! Estamos mal, caminé hasta la avenida faucett y ahí tomé el dichoso taxi que no me cobró más que 12 soles, aunque aún así es mucho si se considera que vivo a sólo 10 minutos del aeropuerto. Que tal negocio este de los taxis, estoy perdiendo plata como guía!. Llego a casa y mi madre había cambiado la chapa de la puerta, osea mi llave no sirve!. Al entrar me doy con la sorpresa de que ha remodelado todo, un toldo en el patio me dice que la celebración de su cumpleaños es cosita seria, sigo avanzando, paso a la sala, tiro mis mochilas al piso y una gran mesa esta ahí, miro por la ventana al jardín y también esta cambiado,  dejó a una paloma sin árbol, se tumbó el arbolito de laurel que había. Entro a la cocina y es otro mundo, tengo que preguntar donde estan los platos, las cucharas, el té, el termo, el cuchillo, no encuentro nada por mi misma, una tandalada de cajones en un gran mueble, encuentro la comida de coqueta, fideos, detergente, ollas, pero no lo que quiero, me urgía tomar algo caliente y lo que conseguía era ponerme caliente de la incomodidad, no sé donde estan las cosas!… el azúcar?… dónde estará!, me demoré 8 minutos en encontrar un filtro de manzanilla y eso que tuve que preguntar para poder encontrarlo.

… De nuevo en casa y Lima que se mueve como flan porque continúan las réplicas del terremoto del sur y me digo –bienvenida, enjoy your stay!.

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Amazonía.

La inmensa floresta ha despertado desde siempre, en los hombres de todas las latitudes, el interés por recoger su misterioso velo, por descubrir sus recónditos parajes y beber de sus fuentes paradisíacas. No en vano las mesnadas incaicas convirtieron esos dominios de la naturaleza en una obsesión y un límite, aunque poco pudieran hacer por someter al bullente Antisuyo. Tímidamente, los súbditos del sol recorrieron sus montañas más altas y definieron ciertos linderos de donde obtener exóticos frutos y pájaros de fantasía. La Amazonía fue –y sigue siendo- una quimera, un deseo…

…En 1540, dominado en parte el país de los incas, el gobernador de estas tierras, Francisco Pizarro, encomendó a su hermano Gonzalo la entrada de sus ejércitos en el maravilloso territorio de la Amazonía. Una aureola de leyenda y magia rodeaba la región.
En la imaginación afiebrada por tesoros y ciudades exóticas, el País de la Canela, como llamaban los porfiados conquistadores a tan recia porción del territorio que le habían arrebatado al Nuevo Mundo para dárselo a España, se había convertido en un sueño que no dejaba a los jefes y capitanes.

Solo los detenía la evidencia de los cuantiosos problemas por sortear y la inseguridad que siempre provoca lo desconocido y lo imposible. Pese a todo ello, Gonzalo Pizarro, vecino principal del Cusco, preparó una expedición decidida a penetrar el follaje enmarañado de la floresta amazónica. Doscientos soldados españoles, la mitad de ellos jinetes, y tres mil indios auxiliares compusieron la hueste. Varios miles de llamas, cerdos y vituallas de todo tipo fueron enviados con tan atrevidos soldados. Partieron de la capital imperial, pasaron por Rimactambo, de allí cruzaron el Apurímac, siguieron por Huamanga y el país de los huancas, continuaron hacia Huánuco y Conchucos y, al cabo de algunas semanas, arribaron a San Francisco de Quito, la ciudad fundada por encargo de Pizarro en los Andes septentrionales.

Al no recibir el apoyo necesario, los hombres de Gonzalo Pizarro se vieron obligados –en actitud típica de los tiempos- a tomar por la fuerza los dineros de la Caja Real para proseguir con la expedición. Decididos a todo, iniciaron la parte más difícil del recorrido. Solo los guiaba la obsesión desmedida de las maravillas que, estaban seguros encontrarían en el utópico País de la Canela.

Primero un cataclismo y, luego, la erupción de un volcán, empezaron a diezmar a la tropa. Algunos se resistieron a continuar; otros comenzaron a caer víctimas de terribles y desconocidas enfermedades. Pero, aún así, prosiguieron su penosa marcha. Las lluvias destrozaban las vestimentas y entumecían los cuerpos que, al contacto con las gruesas corazas, sufrieron penalidades mayores; la selva, además se tornó intransitable. Ya no siguieron ruta fija; solo vagaron entre la tupida vegetación. El ronco sonido de las aguas que marchaban en el tropel en busca de un cauce mayor no dejaba tiempo a los peruleros para el respiro.

Forzado a tomar una decisión, Pizarro dio la orden de construir un barquichuelo que les permitiese adentrarse un poco más en busca, ya no del rico país soñado, sino de algún tipo de ayuda que mitigase tantas penalidades y les sirviese para recuperar las fuerzas.
Comisionó a uno de sus capitanes, Francisco de Orellana, el Tuerto, a tomar el mando de la precaria embarcación –hecha a fuerza de súplicas y gemidos- y lanzarse a navegar por las caudalosas aguas el río Coca. A fines del diciembre de 1541, un año exacto después de haber dejado Quito, la hueste conquistadora se separó. Cincuenta hombres acompañaron a Orellana. El resto se agrupó alrededor de Gonzalo Pizarro a esperar el regreso de esta avanzada… o la muerte.

En pocas horas los infelices salieron del río Coca impulsados por las recias corrientes y, sin darse cuenta, tomaron el Napo. Arrastrados sin control por sus potentes aguas, se vieron imposibilitados de retomar el camino de la orilla y así, sin orden ni concierto, navegaron días enteros acosados por los más terribles presentimientos y la hostilidad de los indios ribereños. Finalmente, cuando las esperanzas se habían desvanecido, un río impresionante les salió al frente: El Amazonas. Deslumbrados, tomaron posesión de ese inmenso mar el 12 de febrero de 1542.

Así se abrió el capítulo final –y el más polémico- del viaje de Orellana. Repuestos de la odisea infernal, desistieron de regresar en ayuda de sus compañeros y tomaron el largo camino que los conducía a España. ¿Traición o circunstancia casual e inesperada? ¿Deslealtad o atrevimiento? Lo cierto es que, fuera lo primero o lo segundo, Gonzalo quedó atrapado en el infierno verde y, seguro de la deserción de Orellana, recogió sus cansados pasos y tomó el camino de vuelta a Quito.

Ya no quedaba nada de las reservas de alimentos y los pocos soldados que podían sostenerse en pie se limitaban a empujar tímidamente la masa inerte de un compañero herido o desfalleciente. La tropa que ingresó en la otrora capital del país de Atahualpa no era otra cosa que un atado de hombres de mirada desorbitada y aspecto desolador. Poco quedaba ya del porte de cada sobreviviente; acaso solo la altivez de su actitud y la certeza de haber regresado del reino de la muerte.

 Guillermo Reaño / Walter Wust

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Cuando las cosas acaban por donde empezaron. Refugio Amazonas.

Dicen que el mundo da vueltas, yo ahora estoy en el mismo lugar por el cual comencé… Refugio Amazonas, un lodge que ha cambiado para bien en los últimos dos años, pero su gente sigue siendo la misma…  los mismos locos de siempre.

Aquí la locura parecer ser un “MUST” y el que no tiene un poco “de” , tiene bastante!.

Ahora trabajando con Malú Gutierrez que tiene amplia experiencia en administración no solo en nuestros albergues si no también en uno que es nuestra competencia, ahora hay que aprovechar y aprender las mañas de la administración. Al final siento que de todos se puede aprender, no solo de ella si no del resto del equipo incluyendo a los guías, aquella actitud de tirar todo a la espalda sin renegar y acabar el día tal cual se empezó o regresar de hacer algo con la lengua afuera y seguir sonriendo haciendo un esfuerzo sobre humano que se acaba sin remedio a punta de 7 de la noche y entro en la etapa en la que me quiero volver sayayín y matar a todos con un kame-kame-ja.
Turismo!!!, bien me decía mi papá… hijita estudia veterinaria y yo… no papá, quiero estudiar turismo e ir a trabajar lejos en un albergue rodeado de harta fauna, algunos que caminan en cuatro patas y otros en dos. Sabios son los padres, recién ahora me doy cuenta!.

Pero, no me puedo quejar (sería ingrata si lo hago), mi retorno a Refugio Amazonas hasta el día de hoy ha sido lo máximo, claro que por ahí hay días difíciles que cualquier ser humano puede tener, aunque a veces siento que el flaco de arriba me agarra de caserita!.
Siempre me parecerá increíble cómo la misma selva te da un empujoncito y te enseña que nada es tan malo como parece… after all. En una caminata de relajo hacia la collpa de mamíferos (a la que le suelen llamar “sin mamíferos” porque los guías casi nunca ven nada), un venado cenizo decidió ser protagonista del día, no muy lejos de donde me encontraba cruzó la trocha y se perdió entre la vegetación mientras avanzaba para seguir buscando alimento. Ahora, es a veces irónico cuando se va por trocha tratando de hacer el menor ruido posible para lograr ver algún tipo de fauna y no se ve nada y en otras veces como hace un par de días con motosierra en mano, machetes y harta bulla, un grupo de pichicos decidió hacernos compañía por un lapso de 20 minutos, descansando en ramas muy cercanas, a casi metro y medio de donde nosotros –literalmente- nos bajábamos en monte. Cuando la madre Naturaleza quiere, te muestra lo mejor de sí, caprichosa tuvo que ser como buena mujer.

Así está Refugio por éstos días, con gente que viene y va, con un staff que anda tan chiflado como yo, así se vive en un albergue en el que no queda más que acloparse al resto de los seres, en el que si miras por la ventana no verás más que la inmensa selva con mil tonos de verde justo frente a ti y uno que otro ser incauto pasar, en un lugar en el cual la palabra clave es “compartir”. Si no, pues que se pronuncie el puerco espín que se anda comiendo la madera de nuestro lavadero.

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RFE. Más que una empresa… una familia muy peculiar!.

Hasta el blog de hoy he venido nombrando a personas dentro de mi estadia en RFE y creo que vale la pena presentar a algunos miembros de esta familia que el destino me ha dado la dicha de conocer.

El 15 de Mayo del 2010, en un abrir y cerrar de ojos la luz de una vida se apagó. Luis Vargas, compañero y amigo, se fue pero dejó su escencia viviendo dentro de cada uno de los que tuvimos la suerte de conocerlo.

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